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jueves, 8 de abril de 2021

¿Se recuperarán los niños de la crisis del coronavirus?

Texto: Hannah Sheldon-Dean / Foto: Getty Images

Tras varios meses de la crisis del coronavirus y con más incertidumbre y estrés por delante, la vida es difícil en estos momentos para los niños de cualquier edad. Muchos padres, al ver que sus hijos experimentan ansiedad, tristeza y desafíos de comportamiento, se preguntan cómo los afectará todo a largo plazo. ¿Pueden los niños estar traumatizados por la crisis del coronavirus? Y si lo están, ¿cómo podría saberlo?

Si bien esta situación es difícil para todos, la buena noticia es que los niños son resilientes, y los padres pueden ayudar a fomentar esa resiliencia. A pesar de que la crisis del coronavirus es estresante y podría causar dificultades a largo plazo para algunos niños, lo que tú hagas ahora puede marcar una gran diferencia en el futuro. A continuación encontrarás información esencial sobre el estrés, el trauma y la resiliencia, además de estrategias para ayudar a los niños a recuperarse y saber cuándo buscar apoyo profesional.

¿Qué es trauma?

Para entender cómo podría afectar a tu hijo la crisis del coronavirus, es útil saber qué es exactamente el trauma y qué no es.

“Un evento traumático sucede cuando alguien se ve amenazado físicamente o es testigo de que algo así le sucede a otra persona”, dice la Dra. Jamie Howard, psicóloga clínica del Child Mind Institute. “En un verdadero evento traumático hay daño físico y peligro involucrados”. Ejemplos de eventos que potencialmente podrían ser traumáticos incluyen accidentes graves, desastres naturales y experimentar violencia. El estrés a largo plazo, así como el abandono de forma persistente, el abuso o la discriminación, también pueden ser traumáticos.

Sin embargo, es importante tener en cuenta que el evento en sí mismo no determina si algo es traumático o no. El trauma se trata en realidad de la reacción del individuo ante un evento perturbador. El hecho de que un niño pase por algo que pueda ser traumático, no significa necesariamente que esto ocasionará un trauma.

“Dos niños pueden estar en el mismo accidente de auto, y uno puede experimentarlo como un trauma mientras que el otro no”, dice la Dra. Howard. “Realmente depende de la interpretación que el niño haga de la amenaza. Un niño podría sentir que casi se mueren, mientras que el otro podría decir, ‘¡Guau!, fue muy loco cómo dimos vueltas!’, y luego simplemente seguir adelante.”

¿Quedará traumatizado mi hijo por la crisis del coronavirus?

No hay una manera fácil de predecir si un niño en particular quedará traumatizado. “Para muchas personas, la pandemia es sin duda un factor estresante importante pero no necesariamente un trauma”, dice la Dra. Howard. “Y para algunas personas, es un verdadero evento traumático”.

A los niños que les ha tocado tener la experiencia de la muerte o la hospitalización de un ser querido a causa de COVID, o que han estado muy enfermos, pueden sentir estos eventos como traumáticos. Los niños que han vivido la cuarentena en una situación violenta o abusiva también corren un alto riesgo de experimentar trauma en este momento.

Si tu hijo no ha pasado por ninguna de esas experiencias especialmente estresantes durante la crisis, es menos probable que muestre signos de trauma.

Por lo tanto, el estrés que los niños han estado experimentando en los últimos meses podría tener otras consecuencias significativas que no se ajustan a la definición clínica de trauma. Aquí es donde entra en juego la idea de adaptación.

Trauma versus trastornos de adaptación

A veces, un evento o situación que no es una amenaza física inmediata puede de todas maneras desencadenar cambios emocionales o de comportamiento en un niño. Cuando un niño tiene problemas para adaptarse a un nuevo factor estresante, a menudo se dice que tiene un trastorno de adaptación.

Los acontecimientos estresantes de la vida, como un divorcio o una mudanza a una nueva casa, pueden causar a veces trastornos de adaptación en los niños. No es lo mismo que experimentar un evento traumático porque el niño no está en peligro, pero aún así puede conducir a desafíos como ansiedad, depresión o comportamiento disruptivo.

Entonces, aunque la crisis del coronavirus puede que no sea exactamente traumática para muchos niños, aún así puede ocasionar problemas de adaptación. “Hay una pérdida crónica en estos momentos”, dice la Dra. Howard. “Mucho de lo que los niños han perdido recientemente (el fin del año escolar, las celebraciones, el campamento) está relacionado con hitos del desarrollo. Estas cosas pueden parecer detalles para los padres, pero realmente importan mucho a los niños.”

¿Qué puedo hacer para ayudar a mi hijo a recuperarse del estrés por la crisis del coronavirus?

Como madres y padres no podemos proteger completamente a nuestros hijos del estrés de esta situación, pero hay estrategias que podemos usar para apoyar su salud mental, ahora y a medida que los retos sigan presentándose.

  • Ajusta tus expectativas. “Es normal no ser tú mismo cuando te quitan tantas cosas”, dice la Dra. Howard. “Muchos niños no se recuperarán del todo hasta que la crisis haya pasado”.
  • Empatiza con sus sentimientos. Validar claramente las emociones de tu hijo puede hacer una gran diferencia, incluso cuando tú no puedes resolver el problema. Podrías decirle: “Parece que estás muy triste por lo que está pasando este verano. Sé cuánto significa el campamento para ti”. Da espacio a tu hijo para hablar sobre lo que le molesta y no te apresures a arreglar las emociones confusas.
  • Da un paso atrás. La Dra. Howard recomienda identificar un par de hitos en el desarrollo que son realmente importantes para tu hijo en este momento. Esto podría ser, por ejemplo, completar tareas de forma independiente o ser más respetuoso con los hermanos: cualquier cosa que tu hijo necesite dominar a medida que sigue creciendo y aprendiendo.
  • Encuentra oportunidades para practicar. Una vez que sepas qué áreas de crecimiento priorizar, ve si puedes encontrar maneras simples de que tu hijo trabaje en estas habilidades. Tal vez sea jugar un juego cooperativo entre hermanos, dedicar 20 minutos a leer de manera independiente o practicar la realización de alguna tarea sin ayuda.
  • No te preocupes por el resto. En estos momentos, mantenerse al día con estas habilidades prioritarias es suficiente para la mayoría de los niños y las familias. “Resiliencia significa poner un pie delante del otro y cumplir con los hitos del desarrollo”, dice la Dra. Howard. No significa aprender nuevos idiomas y reorganizar toda la casa, y no significa tampoco que tus hijos tengan que hacer todo lo que tal vez tú esperabas de ellos antes de la crisis del coronavirus”. Dejar de lado la idea de que todos deberían comportarse perfectamente puede hacer que las cosas sean un poco más fáciles tanto para ti como para tus hijos.
¿Cómo sé si mi hijo necesita ayuda?

Ya sea que tu hijo haya experimentado un evento traumático o muestre signos de trastornos de adaptación, podría tener sentido buscar ayuda profesional.

Cuando se trata de trauma, es importante estar atento a los signos del trastorno de estrés postraumático o TEPT (PTSD, por sus siglas en inglés). Algunos signos comunes del TEPT incluyen estar constantemente en guardia ante el peligro, estar preocupado pensando en el evento traumático y tener emociones extremas de manera constante (o falta de emociones) que perduran mucho tiempo después del evento.

La gran diferencia con los trastornos de adaptación es que los niños generalmente no muestran signos exagerados de miedo. En lugar de estar nervioso o temeroso, tu hijo puede experimentar ansiedad, tristeza, inquietud o irritabilidad persistentes.

Independientemente de que se trate de un trauma clínico, lo principal es estar atento a cambios significativos en los sentimientos o el comportamiento de tu hijo, que no desaparecen con el tiempo. “Si un niño se aísla de la familia o han dejado de importarle los intereses y actividades que solía disfrutar, estas son señales de alerta de que algo está pasando”, dice la Dra. Howard. “Podría tratarse de un trastorno de adaptación o podría ser un trauma.”

Si tú crees que tu hijo se beneficiaría de apoyo en salud mental, la Dra. Howard recomienda buscar un profesional que ofrezca terapia cognitivo-conductual centrada en el trauma (TF-CBT, por sus siglas en inglés). La TF-CBT es un tratamiento basado en la evidencia, diseñado especialmente para niños y adolescentes, y a menudo puede ser proporcionado de manera efectiva a través de la telemedicina, para que tu hijo pueda recibir tratamiento mientras cumple con las normas de distanciamiento social.

Este artículo fue creado y publicado por Child Mind Institute en su website  childmind.org / Más artículos del CMI en español aquí.

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¿Cómo dejar ir la culpa por no amamantar?

Si eres mamá, es posible que hayas experimentado el sentimiento de culpa alguna vez. Desde consejos no solicitados (gracias, pero no gracias, señora desconocida en el supermercado) hasta el bombardeo de fotos “perfectas” en redes sociales, la culpa se infiltra en muchas facetas de tu vida.

Y cuando se trata de la imposibilidad de establecer o mantener la lactancia, la culpa de mamá llega sin ser invitada. Si has sentido culpa por no dar pecho, no eres la única. De hecho, un nuevo estudio global de la marca de alimentación infantil Tommee Tippee reveló que un tercio de las madres se sentían avergonzadas al cambiar de la leche materna a la fórmula. Eso no es sorprendente, ya que más de la mitad de las mamás experimentaron problemas de salud mental debido a la lactancia. Además, el 46% cree que el dicho “el pecho es lo mejor” hace que las mujeres se sientan mal si no pueden amamantar, y el 42% dice que esta afirmación ejerce presión sobre las mujeres.

Si por algún motivo tú no puedes o no quieres amamantar y eso te hace sentir mal, a continuación te damos algunas recomendaciones para lidiar con la culpa de la lactancia.

1. Deja de pensar en tu culpa. Esta es una emoción negativa y pensar en ella solo empeorará la situación. Sentirse culpable afectará tu capacidad para vincularte con tu pequeño. Cuando estamos preocupadas por el estrés y la impotencia, el cerebro ya no funciona con claridad y no puede responder a la situación actual de manera adecuada. Ten en cuenta que tu bebé necesita amor y atención sin fin a esta tierna edad, ¡lo estés amamantado o no!

2. Recuerda que eres maravillosa. No poder amamantar no te convierte en un fracaso. Y no dice nada de que si eres una buena o mala madre. El solo hecho de que te preocupes por querer hacer lo mejor para tu hijo demuestra lo increíble que eres como mamá.

3. Interactúa con tu pequeño. Mientras lo alimentas con biberón para satisfacer sus necesidades nutricionales, acurrúcalo, ríete y juegua con él.

4. Si la barriga de tu bebé está llena, eres una gran mamá. Los mejores bebés son bebés alimentados; no importa si se les amamanta o se les alimenta con biberón.

5. Consuélate y enorgullécete… en saber que muchos bebés a los que solo le dan pecho no llegan a tener la piel y los latidos del corazón de su papá tan cerca tan a menudo. Y muchas mamás que amamantan no tienen la libertad de ir a donde quieran, cuando quieran, o de dormir lo que tú puedes al brindarle una o dos tomas nocturnas.

6. Enfócate en la meta. ¿Cuál es tu objetivo final con la lactancia materna? Sí, se entiende que quieras los beneficios para la salud, ahorrar dinero y establecer un vínculo con su bebé. Pero en una perspectiva más amplia, tu objetivo final probablemente se parezca a esto: criar a tu bebé de la mejor manera que sabes.

7. Lo que otros piensan no tiene por qué definirte. No permitas que lo que pueda percibirse como el juicio de los demás afecte negativamente tu disfrute y apego. A los familiares y amigos a los que quieras informarles, hazles saber el motivo de la alimentación con fórmula y prepárate para sus consejos no solicitados sobre “amamantar es lo mejor”. Pero recuerda, no tienes que explicárselo a todo el mundo, solo a los que quieras y te importan.

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viernes, 19 de marzo de 2021

Jardín de infancia forestal: tendencia educativa en pandemia

Niños que atraviesan charcos, trepan por troncos caídos y cavan en la tierra con palos. No, no describimos cómo los pequeños pueden divertirse durante sus vacaciones de verano. Al contrario, estas acciones aunque no suenen como actividades educativas tradicionales, son partes fundamentales del plan de estudios en las escuelas forestales.

Es posible que no hayas oído hablar antes de este tipo de educación infantil. Eso es porque las escuelas forestales tienen una presencia pequeña en los estados de los Estados Unidos. Sin embargo, durante la crisis de Covid-19, un momento en el que minimizar la propagación del virus es vital, ha habido un aumento en el interés por el aprendizaje al aire libre y por convertir a la madre naturaleza en un aula viviente. Por lo que las escuelas forestales están ganando popularidad en todo el país.

¿Qué es exactamente una escuela forestal?
También conocida como escuela-bosque o bosques-escuela, jardín de infancia forestal o guardería forestal, una escuela forestal es un modelo de educación de la primera infancia que se lleva a cabo en bosques o tierras boscosas.

Independientemente del clima, el plan de estudios de las escuelas forestales se basa en el aprendizaje práctico para fomentar el desarrollo integral del niño. Los estudiantes desarrollan habilidades interpersonales como trabajo en equipo, comunicación, cooperación y resolución de problemas. También construyen el desarrollo espacial y motor. A diferencia de las escuelas en interiores tradicionales, las escuelas forestales no tienen exámenes ni asignaciones, pero se elogia a los estudiantes por compartir habilidades. Las escuelas forestales se centran en los aspectos sociales y emocionales del aprendizaje.

En este método de educación cualquier cosa que los niños encuentren en la naturaleza puede convertirse en un trampolín para el aprendizaje. Un pájaro muerto puede provocar una discusión sobre el círculo de la vida. La niebla que besa la cara puede convertirse en una lección sobre el ciclo del agua. Un arroyo fangoso puede ser la fuente de un proyecto de arte a base de arcilla.

Los jardines de infancia forestales comenzaron en la década de 1950 en Dinamarca y siguen siendo una tendencia popular en toda Europa. Las guarderías y jardines de infancia forestales se han triplicado en los últimos tres años.

¿Y cuáles son los beneficios?
Se ha demostrado que las escuelas-bosque ayudan a los niños a desarrollarse de manera integral. Los niños que asisten a la escuela forestal se vuelven más resilientes, más relajados y motivados para aprender, y tienen más coordinación y habilidades motoras finas desarrolladas.

De igual forma, en este tipo de educación, los pequeños desarrollan un vínculo con la naturaleza y una comprensión más profunda del medio ambiente que los rodea.

Por otra parte, la escuela forestal es muy diferente del preescolar tradicional y es posible que te preocupe la falta de enfoque en las habilidades académicas tradicionales. Sin embargo, los niños que asisten a la escuela-bosque están igual, si no más, preparados que sus contrapartes. Y es que los bosques-escuela contribuyen al desarrollo de habilidades sociales y emocionales como la cooperación y la empatía, y la curiosidad que contribuyen a la preparación escolar.

En febrero de 2019, la revista Frontiers in Psychology revisó 95 estudios que estudiaron cómo la exposición a la naturaleza afecta el aprendizaje. ¿La conclusión? Los entornos naturales facilitan un paisaje social tranquilo y cooperativo donde los estudiantes se involucran con la naturaleza que los rodea. Asimismo, los estudios muestran que cuando los estudiantes se involucran con el mundo natural en constante cambio en su entorno de aprendizaje, demuestran una mejor concentración, tasas más altas de actividad física, un mayor compromiso y autodisciplina.

Aspectos a considerar
Los jardínes de infancia forestal suelen ser de gestión privada y requieren matrícula, por lo que para las familias que dependen del cuidado infantil subvencionado por el estado o de los programas gratuitos de jardín de infantes, esta opción de educación podría estar fuera de la discusión.

Si te estás preguntando cuánto cuesta la escuela forestal. Bueno, el precio de enviar a tu hijo a una escuela de este tipo dependerá de si asiste a un programa de medio día o de día completo y de cuántos días a la semana asiste a la escuela.

Algunas escuelas forestales cuestan aproximadamente lo mismo que sus contrapartes de cuidado infantil en interiores. Por ejemplo, para un programa de día completo cinco días a la semana, probablemente un programa de calidad esté oscilando entre los $1000 y $2000 dólares al mes.

Por otro lado, no todas las familias tienen acceso a jardines de infancia forestales. Simplemente porque no son tan comunes como los programas tradicionales de prekínder o jardín de infantes, por lo que es posible que no haya uno a poca distancia en auto de tu hogar.

¿Deberías elegir una escuela forestal?
Si bien las escuelas forestales ofrecen a los niños muchos beneficios en diversos en muchos, también lo hacen muchas otras filosofías de educación temprana. Así que es importante que encuentres el tipo de educación temprana que sea adecuado para ti y tu familia.

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¡A celebrar! Los abuelos vacunados ya pueden abrazar a sus nietos

Para aplanar la curva y frenar la propagación del coronavirus ha sido clave que las personas permanezcan en casa tanto como sea posible. Esto ha sido especialmente importante para los grupos en riesgo, como las personas mayores, por lo que muchos abuelos han estado separados de sus nietos y no han podido estar allí en persona para algunos de los momentos más importantes del 2020.

Pero ahora los muchos abuelos parece ansiosos de ver a sus nietos están enhorabuena. Las personas completamente vacunadas pueden pasar tiempo en interiores con familiares no vacunados de un solo hogar, según las nuevas pautas provisionales emitidas por los Centros de Control y Prevención de Enfermedades (CDC).

“A medida que se vacunan más estadounidenses, un creciente cuerpo de evidencia ahora nos dice que hay algunas actividades que las personas completamente vacunadas pueden reanudar actividades con un bajo riesgo para ellos mismos”, dijo la directora de los CDC, la doctora Rochelle Walensky, en una reciente sesión informativa en la Casa Blanca. “Si los abuelos han sido vacunados, pueden visitar a su hijo y su familia, incluso si no sus descendientes no han sido vacunados, siempre que el hijo y su familia no estén en riesgo de contraer una enfermedad grave”.

Los abuelos completamente vacunados no tienen que usar una máscara o distanciarse físicamente si visitan a familiares completamente vacunados o familiares no vacunados que no corren el riesgo de enfermarse gravemente. Pero los abuelos y la familia deben usar máscaras y distanciarse físicamente si hay más de una visita en el hogar.

Según el ejemplo de los CDC, los abuelos completamente vacunados pueden visitar a su hijo no vacunado y a sus nietos el interior sin una máscara o distanciamiento social. Pero si los vecinos deciden presentarse, entonces todos deben ponerse una máscara y mantenerse al menos a 6 pies de distancia entre sí. La reunión también debe llevarse al aire libre o en un área bien ventilada.

Los CDC consideran que las personas están completamente vacunadas dos semanas después de tomar ambas dosis de la vacuna Modern o Pfizer, o la dosis única de la vacuna Johnson & Johnson.

Un día, esta pandemia terminará y podremos volver a lo que solía ser normal. Afortunadamente, existen vacunas para que los nietos puedan volver a estar con sus abuelos vacunados.

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Pilas de botón de litio: ¿cuáles son los riesgos y qué puedes hacer?

Brillante y suave, ¡perfecto para ponerlo en mi boca! Eso es lo que un infante o niño pequeño puede pensar cuando ve una pila de botón de litio. Y es que ellos, quienes tienden a llevarse las cosas a la boca, ven este tipo de baterías como algo atractivo ya que son pequeñas y reflexivas.

Los padres pueden no darse cuenta de que un objeto contiene una pila de botón porque usualmente estas ya vienen instaladas. A través de juguetes, calculadoras y hasta tarjetas musicales de felicitación, los niños pueden tener fácil acceso a elementos que usan pilas de botón de litio. Lo que ocurre es que las cubiertas de estos artículos algunas veces se pueden quitar fácilmente, lo que los convierte en un gran peligro, potencialmente incluso mortal, para los niños pequeños.

¿Por qué son tan peligrosas las pilas de botón de litio?
La mayoría de las pilas de botón atraviesan el cuerpo sin problemas. Pero si una batería de litio se atasca en el esófago, la energía de la batería reacciona con la saliva para crear soda cáustica. ¡Este es el mismo químico que se usa para desbloquear los desagües!

Esto puede quemar desde el esófago hasta la arteria principal y provocar una hemorragia interna catastrófica y la muerte. La reacción química puede ocurrir en tan solo dos horas. Sin embargo, a veces se necesitan días.

Los signos y síntomas de la ingestión oculta son náuseas, babeo, incapacidad para comer adecuadamente, respiración ruidosa, dolor de pecho (gruñidos), vómitos o sangre negra o roja en las heces.

Las pilas de botón de litio también pueden causar lesiones que cambian la vida. Existe el riesgo de que el esófago esté demasiado dañado para que un niño vuelva a comer normalmente o que las cuerdas vocales estén demasiado dañadas para que un niño vuelva a hablar con normalidad.

Mejor es prevenir que lamentar
Para mantener a tu hijo a salvo del peligro que representan estas pilas, sigue los siguientes consejos de seguridad:

  • Reduce la cantidad de productos en tu hogar que funcionan con pilas de botón de litio. Aunque todavía se pueden producir lesiones con las baterías cilíndricas, es mucho menos común. 
  • Asegúrate de que los productos que contienen pilas de botón de litio tengan compartimentos para pilas a prueba de niños que no se abrirán si se caen.
  • Conoce qué productos de tu hogar contienen pilas de botón de litio. Comprueba periódicamente que la batería aún esté asegurada en el compartimento a prueba de niños.
  • Siempre que puedas, mantenlos fuera del alcance de los pequeños (y ten en cuenta que los niños a menudo se suben a los muebles para acceder a áreas más altas).
  • Bota las baterías gastadas y sin usar de manera inmediata y segura; las baterías “descargadas” siguen siendo peligrosas. Envuelve ambos lados con cinta adhesiva cuando los saque del producto. Esto los hace más difíciles de tragar.

¿Qué hacer si sospechas que tu hijo se tragó una pila de botón?
Evita inducir el vómito y no permitas que tu hijo coma ni beba algo. Si tu pequeño tiene algún signo asociado con la ingestión de una batería, ve a la sala de emergencias. Pero no esperes hasta que veas síntomas; si sabes o sospechas que tu hijo se tragó una batería, debes llamar al 911 o llevarlo a la sala de emergencias de inmediato. Es mejor pecar de cauteloso en estos casos y hacer que revisen a tu hijo.

Más conocimiento a tu favor
Ahora las visitas al pediatra irán más allá de una cita regular, pues si el pediatra de tu niño forma parte de Asociación Americana de Pediatría (AAP), este podría orientarte mucho más en cómo ayudar a mantener a tu pequeño a salvo de las pilas de botón de litio. Y es que a través de la iniciativa “Power Safely” de Duracell, este verano, AAP y Duracell distribuirán una lista de verificación de seguridad de baterías de botón de litio a los pediatras miembros que describe los dispositivos domésticos comunes que usan baterías de botón de litio y cómo almacenar de manera segura dichos dispositivos, así como información sobre capas adicionales de protección, como embalaje seguro y utilizando la pila de moneda de litio de Duracell con recubrimiento amargo para ayudar a disuadir la ingestión. 

Además, podrás descargar la lista de verificación de seguridad de las pilas de botón de litio en Duracell.com y HealthyChildren.org.

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jueves, 11 de marzo de 2021

Cómo educar niños buenos

TEXTO: CATHERINE NEWMAN / FOTO: CHEYENNE ELLIS.

ALGUNA VEZ pregunté a mis amigos y familiares: “¿Qué implica para ti pensar en criar hijos bondadosos?”. Que sean compasivos, generosos, empáticos, justos, capaces de aliviar el sufrimiento de los demás, me dijeron. Y aunque cada respuesta fue diferente, todas contenían la idea subyacente de considerar y tener presentes a los demás, en lugar de actuar solo por interés propio. La bondad implica “ver con el corazón”, dice Angela C. Santomero, autora de Radical Kindness: The Life-Changing Power of Giving and Receiving [Amabilidad radical: el poder transcendental de dar y recibir] y coautora de la serie animada “Daniel Tiger’s Neighborhood” [Daniel Tigre y su vecindad]. Para los niños más pequeños, podría significar darle una palmada en la espalda a un amigo que está enojado, saludar a un vecino anciano o partir una galleta por la mitad para compartir con el hermano menor. Para los más grandes, la amabilidad puede consistir en consolar a alguien que está triste o en donar parte de su mensualidad a una causa en la que ellos creen. Sea lo que fuere que signifique para ti ser bondadoso, es clave que tus hijos lo incorporen desde pequeñitos. A continuación, una serie de ideas que te ayudarán a dar un paso al frente y comprometerte en la crianza de una futura generación de gente buena. 

Ayúdalos a entender lo que implica ser bondadoso.

Incluso antes de que tus hijos tengan la edad suficiente para ser capaces de actuar con amabilidad, tú ya puedes comenzar a hablarles sobre este tema. Desde el nacimiento, las personas estamos programadas para ser empáticas con los demás a través de lo que se conoce como el sistema de neuronas espejo. Eso hace que podamos sentir intuitivamente lo que sienten los otros, explica la psiquiatra Kelli Harding, M.D., autora de The Rabbit Effect: Live Longer, Happier, and Healthier with the Groundbreaking Science of Kindness [El efecto conejo: vive más tiempo, más feliz y de forma más saludable con la innovadora ciencia de la bondad]. Esa es la razón por la que un niño de dos años es capaz de ponerse a llorar al ver a otro chiquito caerse en el parque. Aprovecha estas oportunidades para conversar con tu hijo sobre lo que le está pasando: “Tú te estás sintiendo triste porque te importa tu amigo y él se acaba de caer y lastimar”.

“A medida que se desarrolla el cerebro de un niño, el pequeño es capaz de separar mejor el ‘tú’ del ‘yo’. Es de ese modo que nace la compasión”, explica la doctora Harding. “Los niños pequeños se centran mucho en lo que significa ‘mi’ y ‘mío’, pero tú puedes ayudarlo para que gradualmente entienda lo que significa ‘nosotros’ y ‘nuestro’. ¿Cómo? Utilizando tú mismo un lenguaje inclusivo”, agrega, por su parte, el pediatra del desarrollo Damon Korb, MD. “Pregúntale, por ejemplo: ‘¿Qué podemos hacer hoy que sea divertido para todos nosotros?’ ”.

Cuando los niños tienen tres, cuatro y cinco años ya puedes enseñarles lo que se conoce como la regla de oro: “Trata a los demás como te gustaría que te trataran a ti”. Para demostrarles lo que esto significa en la vida real, puedes utilizar casos concretos con los que ellos puedan entenderlo fácilmente. Por ejemplo, puedes decirle a tu hija de cinco años: “Tu hermano estuvo estudiando todo el día, creo que debe estar muy cansado. ¿Qué te parece si le llevamos una merienda?” Si ella dice: “¡Sí! ¡Llevémosle uvas!”, tú puedes recordarle que esa es la merienda favorita de ella, pero no la de su hermano. Eso la hará pensar en los gustos de él y se sentirá orgullosa al ofrecerle un bastoncito de queso, aunque a ella no le guste. 

Demuestra amabilidad donde vayas.

Si nos proponemos criar niños considerados, lo mejor que podemos hacer es ponernos a nosotros como ejemplo. “No tenemos la capacidad de controlar el comportamiento que tienen nuestros hijos, pero lo que sí está a nuestro alcance es mostrarles cuán amables somos nosotros”, dice la doctora Harding. Desde que son pequeñitos, los hijos buscan copiar a sus padres. Por eso, nadie mejor que tú para demostrarles la amabilidad desde que son bebés. Cuando crecen, tus hijos van siendo capaces de observar cómo tratas a las demás personas. Ellos prestarán atención a todas tus interacciones, desde las pequeñas, como dejar tu teléfono celular a un lado para hacer contacto visual con alguien y dar las gracias, hasta actitudes solidarias significativas, como llevarle comida a un vecino que está enfermo o atravesando un mal momento, consolar a quienes acaban de perder a un ser querido u ofrecer dinero o ayuda de otro tipo a personas que lo necesiten.

Como todo empieza por casa, es clave que los niños se sientan bien tratados en el hogar. Y, además, que te asegures de que sepan, en especial cuando hay más hermanitos, que los padres tenemos amor, risas, elogios y atención suficiente como para darles a todos nuestros retoños por igual.

Expande la imaginación.

Ayudar a que nuestros hijos puedan pensar cómo se sentirán los demás ante ciertas situaciones es uno de los hábitos más importantes que, como padres, podemos inculcar en ellos. “No puedes ser compasivo a menos que hayas desarrollado una imaginación activa y que seas capaz de ponerte en la posición de otra persona”, dice la prestigiosa autora de literatura infantil Katherine Applegate, quien ha escrito, entre otros libros, The One and Only Ivan [El único e incomparable Iván] y Wishtree [El árbol de los deseos]. 

Para que tus pequeños practiquen la empatía, puedes proponerles hacer juegos de simulación. Si tienes una niña o niño pequeño, podrías decirle: “¡Tu muñeca se cayó al piso y se golpeó la cabeza! ¿Qué te parece que deberíamos hacer?”. A medida que tus hijos van creciendo, van siendo capaces de imaginar escenarios de la vida real más complejos. El doctor Korb, padre de cinco hijos, cuenta: “Yo les señalo algunas situaciones a mis hijos sin emitir ningún juicio de valor, de manera que ellos puedan formarse sus propias opiniones”. Tú podrías decirles a tus niños: “¿Cómo será dormir afuera cuando hace frío?; imagínate si eres un gatito atascado en un árbol y no puedes bajar; piensa lo difícil que debe ser subir al autobús en silla de ruedas, y lo agradecido que te sentirías si un ingeniero inteligente inventara un elevador para poder subir” . Ponles toda clase de ejemplos para que tus hijos puedan reflexionar y sacar sus propias conclusiones ante distintas circunstancias

Con el tiempo y la práctica, este tipo de pensamiento se vuelve automático, al igual que la respuesta de los niños. Así, es muy posible que sientan deseos de colaborar en un comedor o con otra entidad de beneficencia, escribir una carta a la estación de bomberos agradeciendo por rescatar gatitos de los árboles o hacer contacto visual y saludar a personas en silla de ruedas.

Diles que ser bueno no siempre es una tarea sencilla.

Debemos recordarnos a nosotros mismos y a nuestros hijos que ser bueno a veces no es fácil, asegura Carla Naumburg, PhD, autora de How to Stop Losing Your Sh*t With Your Kids [Cómo dejar de perder el control con tus hijos]. “Aunque en determinadas ocasiones no fluya naturalmente, eso no significa que no seas una buena persona”. Ser generoso con un hermano que te está molestando puede representar un desafío. Defender a un amigo que no está siendo tratado bien puede darte terror. Dar el pésame a alguien que acaba de perder a un ser querido puede hacerte sentir incómodo o resultarte confuso saber cómo actuar con una persona con capacidades diferentes. Pero cuanto más se acostumbren los niños a ser amables, más natural se volverá. “La bondad es realmente como un músculo”, dice la doctora Naumburg, y agrega: “Cuanto más practiques decir cosas amables, más fácil te resultará actuar en momentos difíciles”.

Fomenta los buenos hábitos.

Ayuda a que tus hijos puedan hacer palpable el concepto de ser bueno con verbos que lo haga más tangible. Por ejemplo, incluir, compartir, postularse como voluntario, dar, comprometer, consolar, apoyar, defender, escuchar y darse cuenta cuando alguien podría necesitar ayuda, sea un compañero de clase con un problema de ciencias o matemáticas, un miembro de la familia con una labor o una persona mayor que necesita un asiento en el autobús. En definitiva, todos estos hábitos se asemejan a los buenos modales, ya que actos de amabilidad como decir “por favor” y “gracias” al conductor del autobús también permiten cultivar la bondad y hacer del mundo un lugar más feliz.

Este artículo fue publicado en la revista Parents Latina, febrero/marzo 2021

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viernes, 26 de febrero de 2021

La Marisoul: “Ser mamá me ha hecho más fuerte y segura”

La cantante méxico americana, voz de la banda La Santa Cecilia, cuenta en una entrevista íntima y honesta cómo se fue despertando en ella el deseo de ser madre y lo dichosa que es hoy con Erandi, su hija de 5 años. Además, comparte cómo fue que lanzó un álbul con orquesta en medio de la pandemia. 

¿Cómo ha surgido La Marisoul and The Love Notes Orchestra?

Marisol: Surgió primero como un deseo de celebrar la vida de mi papá, porque en febrero del año pasado me invitaron a hacer un concierto como La Marisoul, donde podia hacer lo que quisiera. Yo lo tomé como una oportunidad de decir, “Okay, like, cool. Puedo hacer cualqier cosa. ¿Qué hago?” Se me vino a la mente el recuerdo de mi papá que cumplía un año de haber fallecido en febrero y al que extraño mucho.

Siempre recuerdo muchas cosas con él, pero una de esas era de que él siempre me decía, “Hija es que tú tienes que cantar, tienes que cantar con orquesta, échate un disco o algo. Así como La Sonora Santanera, así como Toña la Negra”. Y yo: “Sí estaría bien chido dad, I would love to, pero siempre estoy ocupada con La Santa Cecilia, my baby, mi amor, mi banda es La Santa”.

Cuando se dio esta oportunidad, dije, “Yo creo que sería bueno celebrar esa visión que tenía mi papá”, y aunque él no pueda estar aquí presente físicamente, siento que a lo mejor desde donde esté, a lo mejor pudo disfrutar de esta experiencia de juntar a 24 músicos, improvisar una orquesta, bautizarlos con The Love Notes Orchestra y hacernos un show de La Marisoul and The Love Notes Orchestra que fue algo que nunca había hecho así, de decir, “Voy a hacer otra banda así y le voy a poner La Marisoul and The Love Notes Orchestra, va a ser completamente mi creación”.

 Como estábamos preparándolo para un show, yo dije, “Qué chido sería que le pusiéramos The Love Notes Orchestra y que tuviéramos un escritorio para que la gente antes de entrar al show hicieran cartas de amor, y en el intermedio que hicieran cartas de amor”. Durante el show, lo que yo hacía es que recogía las notas de una cajita que teníamos en este escritorio y leía las notas que todos dejaban. Fue una experiencia bien bonita convivir con el público y leer lo que ellos estaban escribiendo y compartiendo. Desde dedicatorias a sus esposos o contándome de que era su primera cita en mucho tiempo porque ahora tienen hijos, o alguien que dice, “Mi amor no seas tan culey, te amo”… Tonterías así, que las leí en el público y fue como muy chistoso. 

¿Cómo te ha afectado la pandemia desde lo profesional y desde lo personal? 

Marisol: Como La Marisoul cantante en la banda a veces me siento como pajarito enjaulado y me siento como triste. Siento que es como una adicción viajar, tocar y estar visitando a la gente, compartiendo con la gente. Fue muy difícil esos primeros meses ver cómo todo mi calendario se esfumaba y así todas mis salidas. Llevo toda mi vida, o al menos de la adolescencia, tratando de ser esta cantante, viajera, aventurera.

Trabajé tantos años y seguimos trabajando en salir a conectar con la gente, a llevar tu música, a compartir la música, a convivir con la gente. Una de las cosas que más me apasiona y que más me gusta de hacer música es viajar y cantar frente a un público y conectar con el público, es lo que más amo. 

Extraño conectar, viajar con mis amigos, andar en la pinche aventura de andar de ciudad en ciudad. Cada noche encontrarme con el público, compartir y ver sus caras, sudando, bailando, llorando, abrazándose. Eso es para mí lo que más extraño, el público, sentir ese calor, esa conexión. Eso es lo que más extraño, pero a la vez soy una persona que soy muy hogareña, cuando yo estoy en mi casa, yo estoy en mi casa. Yo no salgo, a mí me gusta estar en mi casa.

Tengo una hija de cuatro años, todo mi tiempo y mi vida está en mi hija, en mi familia, en compartir con ella. La otra parte de mí se sentía así como que, “Órale, I could totally get used to this, like I could totally do this, like be home every day, vamos a hacer un jardín, vamos a tratar de crecer zanahorias, o cosas así en el pequeñísimo jardín que tenemos. Siento que soy una persona que se sabe adaptar a las cosas, porque he tenido que adaptarme toda mi vida. De mudarme de Los Ángeles a México, de poder regresar de México a los Estados Unidos o de cambiar de lugar, de casa, de escuela.

Hablemos de Erandi, ¿cómo surge su nombre?

Marisol: Erandi quiere decir un nuevo amanecer o un bello amanecer en el idioma purépecha, que es de Michoacán. En una ocasión visité Pichátaro Michoacán, que es el pueblo de donde es la esposa de mi papá, mi madrastra, pero no me gusta decir, “Madrastra”, porque suena como muy feo y ella es una mujer muy linda. Fui a su pueblo, ella es una mujer indígena, habla purépecha. Fui a visitar a su familia con mi papá y fue ahí que conocí el nombre Erandi, y también en mi viaje conocí a otras personas que se llamaban Erandi, hombres que se llamaban Erandi, mujeres que se llamaban Erandi. No es un nombre muy común, pero es un nombre de Michoacán y me gustó muchísimo. Y siempre se quedó como en mí. Cuando nació Erandi, yo dije, “Sí, se va a llamar Erandi”. Sí, bien le queda.

Todos los días es como nuevo amanecer con esta niña, llena de ideas, de ganas de vivir.

¿Qué vino a confirmar ella en tu vida? 

Marisol: Para ser completamente honesta, por mucho tiempo yo no pensé en tener hijos. No era así como mi deseo desde niña decir: “Ay, algún día me voy a casar y voy a tener hijos”. No era mi idea ni mi sueño tener una vida así, ni de casarme ni de tener hijos.

Mi sueño, mi vida y mi pasión siempre fue cantar y hacer algo en la música, viajar y conocer el mundo con la música. Nunca fue como eso de ser mamá, hasta años después. No sé si fue mi cuerpo, los años, no sé. Cuando entré a mis 30, 31, 32, fue que empecé a sentir así como que, “¿Por qué siento ganas de tener un bebé?” . Estaba enamorada [de Humberto Howard] , estaba con mi pareja ya y yo sentí que él era el hombre con quien yo pudiera pensar en tener una familia, ¿por qué no? Jugábamos a eso de que, “Oye, si tenemos un hijo, ¿qué te parece? ¿Sería padre o no?” “Ay, no sé, es que–” Él también es artista, es artista visual, y yo música, entonces, “No, ¿pero cuándo? ¿Pero cómo?”

Yo tenía mucho ese miedo de a lo mejor no era posible ser mamá y seguir mi carrera. Pero Erandi llegó así como sorpresa, [ríe] no la esperábamos.

A lo mejor sí que la deseábamos, pero no la esperábamos  y fue una gran bendición. Cuando yo supe que estaba embarazada no había duda ninguna de que yo iba a ser mamá y que ella iba a venir al mundo. Estaba completamente decidida, “Okay, I’m pregnant, I’m going to be a mom“, pero con eso tenía muchísimos miedos.

Empezando con decirle a mis compañeros, “Hey, yo sé que estamos a punto de lanzar un disco, pero estoy embarazada”. Eso es difícil. Nunca pensé lo difícil que podría ser para una mujer, entrar a su trabajo y decirle a su equipo, “Estoy embarazada y voy a ser mamá”. Y con el miedo de la respuesta, ¿me van a decir felicidades? ¿Me van a juzgar? Qué feo que nosotras tengamos que sentir ese miedo.

Ahora, viéndolo hacia atrás, que aunque gracias a Dios mis compañeros sí estaban preocupados, pero mas nunca fue así como que, “Ya valió”. No, nunca fue así, sino que: “Vamos a ver cómo vamos a hacer esto, cómo vamos a seguir adelante”. Me sentí muy apoyada por mis compañeros de la banda.

Obviamente de mi compañero, Humberto, que él también estaba así como que contento de que, “Okay, voy a ser papá, vamos a ser papás, vamos a serlo entonces”. Yo siento que mi hija me ha dado muchas más ganas de seguir adelante, de luchar, de crear, aunque es más difícil.

¿En qué sentido?

Marisol: Es más difícil porque los niños ocupan mucho tiempo, mucha atención. Yo no quiero ser una mamá que no le da atención a mi hija, es mi única hija en la vida que voy a tener, es mi única hija. Eso es algo que yo no sabía, que ahora yo– Cómo tomaba a la ligera, or how much I took for granted all the time I had as a younger woman.

Como en el simple hecho y en el ejemplo de escribir una canción. Antes, “Voy a escribir una canción, voy a esperar a la musa. Voy a servirme una copa de algo y no sé, a lo mejor viene la musa a las 11:00 PM, a las 2:00 AM…”. Yo era así todo el tiempo y perdí mucho tiempo. Sentía a veces así, baboseando, esperando el mejor momento para la musa, para recibir a la musa. Ahora es así como que, “No, no, no”, tengo desde las 12:00 PM, a las 5:00 PM y esta musa más le vale que llegue. [ríe]. Ahora ya no hay vino, necesito un vaso de café. [ríe] Siento que me he vuelto más como que more productive.

Me gusta la yo mama: siento que soy más fuerte y más segura de mí, en lo que quiero y cómo quiero que sean las cosas. Yo siento que sí, todos los días mi hija me confirma más la fuerza que tengo yo, la fuerza que hay en mí, que muchas veces dudé de ser mujer sin hijos, me abrumé con muchas pendejadas. Ahora que soy mamá me siento–

Como yo canto en la Santa Cecilia, estoy en un grupo con tres hombres y los otros son otros dos hombres, son puros hombres. A veces ser así como que, “I just wanna be one of the guys, I just wanna– What do you guys think?” Y siento que ahora es así como que no, “Mira, this is what I think and this is what I wanna do. Let’s figure this out and let’s not waste time“.

Algunos de mis compañeros han tenido hijos también, eso ha sido padre, porque nos entendemos en esa manera de que, “Oye, yo no tengo todo el día para pendejear, tenemos que trabajar y después buscamos un tiempo para echar relajo también”.

Decías: “Me gusto como mama”. ¿Cómo es La Marisoul mamá?

Marisol: La Marisoul mamá es una mamá muy chistosa. I feel like I’m very silly. Dice Erandi, “Ay mom, you’re so silly, why are you so silly?” Le digo, “¿Por qué soy silly? Porque soy como mi papá”. Soy silly por él, porque así era mi papá de chistoso. Pero también soy una mamá muy firme y tengo muchas expectativas de mi hija,  como exigirle que sea confident en ella misma. Yo no crecí con alabanzas, de decir, “Good job Erani, good job Marisol, you’re doing good. You’re trying your best“. No es por balconear allá a mis papás, sino que mis papás eran jóvenes, me tuvieron a los 18, 19 años, eran niños. Yo tuve a mi hija a los 35 años, ya fui una mujer que pudo vivir muchas cosas.

Trato de ser paciente, pero también to shower her y decirle cosas bonitas para que ella se sienta, “Sí, soy inteligente, soy bonita, soy una persona buena”, cosas así. Con más intención, siento que estoy tratando de criar a mi hija con más intención. Siento que a la vez también estoy regresando a mi niñez, que de alguna manera siento que por medio de mi hija, cómo la estoy criando, cómo la estoy queriendo, estoy tratando también de limar y de sanar cosas que yo viví.

Cuando yo tuve a Erandi, “Tu vida va a cambiar, tu cuerpo va a cambiar, va a nacer otra persona”, pero nadie me dijo que iban a regresar tantas cosas que yo sentí que había olvidado, que había dejado en el pasado o traumas que yo traté de dejar atrás. Yo digo: “Ahora es tiempo de sanar a esta niña”. Me veo en ella, aunque yo estoy muy consciente de que mi hija no soy yo.

En tu caso, el trabajo y la vida personal están tan íntimamente relacionados, ¿qué implica eso para ustedes? ¿Qué es lo bueno y qué es lo malo de eso?

Marisol: Yo siento que mi vida, al menos aquí en esta casa estamos tres artistas, porque Erandi dice que también es artista. Aquí siempre estamos entre el trabajo y la vida de la casa. 

Lo malo es que es un desmadre la casa, ¿me entiendes? Siempre estamos viviendo entre la creatividad, el desorden y el orden. Para mí como mujer es difícil a veces, porque sí soy la artista, pero también soy la mamá y tengo cosas que yo me exijo a mí. Aquí no hay señora de la limpieza, yo soy la señora de la limpieza, yo soy la cocinera y también mi esposo. Eso para mí es como lo más difícil, de estar aquí siempre, de estar aquí y vernos siempre. A veces yo me iba dos, tres días, me regresaba o salíamos.

Erandi misma también lo siente, me pregunta, “¿Cuándo te vas a ir otra vez?” Porque siento que ella también disfruta. Si yo me voy, ella se queda con su papá, ella es feliz.

De hecho, ahorita está en su tiempo de que ella me dice– Porque he querido tratar de enseñarle música o algo, o que cante conmigo, y me dice, “No, es que yo no soy como tú mom, yo no soy música como tú, yo soy artista como mi papá. Yo pinto, yo hago, I’m a painter, yo soy como mi papá”, a veces así como que me duele, porque yo digo, “¿Cómo me haces esto? ¿Cómo me dices esto?”

Aquí en casa somos amantes de la música. Si estoy limpiando hay música, si estoy cantando, yo soy la música.

¿Qué tipo de música?

Marisol: Aquí estoy siempre dando lata con mi jarana y estoy cantando sones jarochos, voy tratando de sacar canciones de Silvio Rodríguez o canciones de la película de los Trolls. [ríe] También me las tengo que mirar con Erandi para compartir también con ella en sus caricaturas, porque eso también como que es importante.

Recuerdo mucho que mi papá nos llevaba al cine a ver las películas, yo volteaba a verlo y él se quedaba dormido. Yo a veces pensaba: “Está conmigo, pero no está conmigo, porque ni siquiera está viendo la película que yo estoy viendo”. Con mi hija es: “Tengo que estar viendo la película”, y ver los detalles para que luego hablemos sobre los detalles de esta película, para que sepa que estoy con ella.

¿Qué música te gusta poner cuando limpias que no sea tuya?

Marisol: Me gusta mucho compartirle a Erandi la música de Celia Cruz porque me anima mucho la salsa y la música tropical. Como ahora tenemos YouTube parties, lo que hacemos es que miramos videos de YouTube pero en eso le estoy compartiendo videos de Celia Cruz, de Aretha Franklin, de Cyndi Lauper, luego de repente se cuela Katy Perry por ahí. [ríe] Trato de mostrarle artistas que la inspiren, 

Has contado en entrevistas que de pequeña te mudaste con tu mamá de Los Angeles a México, para años más tarde regresar. ¿Cómo fue esa experiencia? 

Marisol: Yo siempre me siento muy agradecida con esta experiencia de habernos mudado a México cuando tenía como 11 años. Como que ese shock cultural para mí fue de vivir en una ciudad como Los Ángeles y mudarme a un pueblito en México, tan diferente para mí. 

Aquí en los Estados Unidos soy mexicana, siempre me preguntan. Aunque yo les diga, “Sí, yo nací aquí en los Estados Unidos”, siempre me van a preguntar: “But where are you really from?” Eso, a veces, me molesta. Cuando uno va para allá, le dicen, “Ah, es que tú no eres mexicano, tú eres gringo, tú eres pocho”. Y te lo dicen con una manera muy negativa y te sientes doblemente negado.

Siento que eso nos hace arraigarnos mucho más a nuestras tradiciones, a nuestra cultura. Tener que ser también políticos en nuestra existencia aquí en los Estados Unidos, pero para mí el viaje a México me hizo encontrar con quien yo quería ser yo, cantando. Cuando encontré un grupo, fue cuando yo sentí el apoyo de mi mamá.

Cuando ella no dejó que mi padrastro me dijera que no podía cantar y dejó todo, quemó todo, dejó todo por venirnos para acá. Siempre voy a estar agradecida con mi mamá por eso, por ese acto de encender ese fuego. Porque siento que es el fuego que me sigue manteniendo a mí viva para seguir en mi sueño de cantante. Me encanta que se lo puedo compartir a mi mamá, que he podido compartir muchas cosas de la música y de mi carrera con ella y mucho más. Me da gusto. Verla de abuela, verla como abuelita. 

Para mí, eso es como un sueño, es realmente un sueño hecho realidad. 

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